buenistas o que sustenta o castrismos em Cuba

 Julio Llopiz-Casal está con Luz Escobar.

52 min 
No me convence ni me gusta esa idea de que la “generación” de mis padres (cubanos que eran jóvenes o adolescentes en 1959) es la responsable fundamental de que el castrismo siga destruyendo a Cuba más de 60 años después de comenzar.
Tengo una madre y un suegro que fueron parte activa del proyecto social impulsado por Fidel Castro desde el día 1. Ambas son personas que no esconden el pesar de haber entregado su energía, juventud y entusiasmo a eso que llamaron revolución cubana; cargan con un sentimiento de culpa derivado de sus actitudes en un momento ya pasado, pero que recuerdan inevitablemente. Que mi suegro y mi madre sientan esa culpa habla bien de ellos, habla sobre todo de que son honestos y se resistieron a abrazar la coartada vanidosa del “yo me muero como viví” o cualquier otra necedad, y hoy en día ni son parte de la farsa revolucionaria ni romantizan sus pasados. Sentir ese tipo de culpa es humano, pero ni por asomo no son ellos, ni muchos otros, los responsables fundamentales de que el castrismo siga ahí.
El culpable esencial de que el castrismo sea una maldición de más de 60 años que parece no tener fin, es Fidel Castro. Un hombre excepcional, cuya excepcionalidad no radicó tanto en su destreza política o en su intuición de propagandista tramposo y ventajista, sino en su crueldad inconmovible, en su propensión al abuso de poder, en su paranoia insomne y en su resentimiento natural. Un hombre que acabó hasta con sus propios aliados y familia, con tal de ser tristemente célebre.
Fidel Castro aterroriza tanto a la mayoría de los cubanos, sobre todo después de su muerte, que no parece haber manera de que el castrismo pueda terminar o ser derrocado: Los ciudadanos temen tanto a las consecuencias de alzar sus voces, que aguantan dolor, hambre y humillación, con tal de estar relativamente a salvo. Los represores temen tanto por lo que pueda ser de ellos en Democracia que destruyen sin escrúpulos ni pudor a cualquiera, con tal de que ese día no llegue. Los funcionarios, aliados comerciales, testaferros y cómplices del régimen temen tanto a cómo quedarán ellos en Democracia que continúan blaqueando crímenes y justificando abusos, también con tal de que ese día no llegue nunca a la isla. Son muchas y complejas las relaciones de conveniencia entre el castrismo y quienes lo soportan.
No creo que sea imprescindible pensar en un segundo sector responsable de que el castrismo siga existiendo, más allá del ideario de Fidel Castro devenido dogma, y de los esbirros y cómplices que le veneran y representan en la Tierra como si de algo divino se tratara. De todos modos, pienso bastante en que los castristas mantienen vivo el castrismo por una cuestión simple de conveniencia absoluta, y que los castristas están protegidos, más allá de sus intereses financieros y políticos con terceros, gracias a la existencia del Buenismo.
Los buenistas son quienes creen en “El Bien” como una ecuación que se resuelve invocando unos paradigmas morales y deslegitimando otros, para luego exhibir esa “fórmula” resuelta como una medalla de posguerra o una prenda de alta costura política que creen les hace superiores. Los buenistas encuentran siempre una manera para deslegitimar el disenso y la protesta, y a la vez otorgan el beneficio de la duda al castrismo… sobre todo de una manera en que parecen estar en su contra. Los buenistas cubanos deslegitimaron las protestas contra el Decreto 349, el Acuartelamiento del MSI y el 27N… también deslegitimaron el 11J del modo más indolente, que es “clasificar” a los manifestantes entre “violentos” y “no violentos”. Los buenistas no son revolucionarios seniles en el invierno de sus vidas aferrados a un ideal de juventud por soberbia y cobardía; los buenistas son gente vital, con privilegios económicos y/o simbólicos, con militancias más o menos declaradas, que tienen condiciones objetivas y paciencia para esperar a que “Cuba mejore” y para creer en que el castrismo es mejorable y que el socialismo es construible.
No son el problema, pero son uno entre tantos muros de contención ante ese problema llamado castrismo. Fidel Castro parece que era de otro mundo, pero no. Era simplemente un Satanás moderno, el más hábil y resentido de todos.
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respuesta:

Hay verdades que duelen, pero liberan — y esta es una de ellas. El texto de Julio no lanza piedras: enciende luces sobre los fantasmas reales que caminan junto al pueblo cubano — el miedo heredado, la culpa vivida, el silencio necesario, la resignación como escudo. Y lo hace con rara honestidad, sin buscar héroes ni villanos fáciles. La delicadeza con que trata a la generación anterior —reconociendo su entrega, su dolor, su conciencia tardía— nos recuerda que la historia está hecha por humanos, no por caricaturas. Sentir culpa es más digno que aferrarse a la arrogancia de no haber errado jamás... Llama “Satanás moderno” a un hombre que, más que ideólogo, fue un arquetipo de dominación, de encantamiento, de manipulación, de mentira, de traición, del control mas sofisticado, del resentimiento llevado a la crueldad. Pero quizás lo más inquietante sea su lectura sobre los "buenistas" (no conocia esta clasificación): aquellos que, con moral elegante y diplomacia calculada, contribuyen a perpetuar lo intolerable mientras se exhiben como sensatos, encontrando sentido y justificación en lo que ya es el grado mas bajo posible de existencia humana... Julio escribe con coraje, pero también con amor —porque solo quien ama de verdad un país puede escribir con ese dolor sereno y esa verdad sin ornamentos. Cuba necesita no solo democracia, sino también voz, cura y desencantamiento lúcido, como este. Gracias, Julio, por decir lo indecible con belleza, criatividad y valentía.

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O fato de o castrismo ter se mantido por mais de 60 anos no poder não se deve a uma única causa, mas a uma combinação poderosa de fatores que se reforçam mutuamente. Vamos destrinchar isso por partes:


1. Legitimidade Revolucionária e Mito Fundacional

Desde 1959, o castrismo construiu uma narrativa poderosa de libertação nacional contra o imperialismo americano e contra a ditadura de Fulgêncio Batista. Essa narrativa heroica deu ao regime um tipo de legitimidade simbólica que perdurou por décadas. Para muitos cubanos e simpatizantes no mundo, a Revolução foi vista como justa, necessária e corajosa, e isso criou uma base emocional profunda de apoio.


2. Controle absoluto do Estado sobre a sociedade

O regime castrista construiu uma estrutura de controle total, em que o Partido Comunista comanda todas as esferas da vida — política, econômica, educacional, cultural, sindical, midiática, religiosa.

  • Não há oposição legalizada.

  • repressão sistemática de dissidentes.

  • A informação é rigidamente controlada.

  • A sociedade civil foi, por décadas, quase inexistente fora das estruturas do Estado.

Isso significa que não há espaço visível ou seguro para a emergência de uma alternativa política interna.


3. Apoio externo e redes de solidariedade internacional

Durante a Guerra Fria, Cuba foi sustentada pela União Soviética, recebendo bilhões em subsídios. Após a queda da URSS, muitos previram o colapso do regime — mas isso não ocorreu. O castrismo soube sobreviver no isolamento, explorando apoios da Venezuela chavista, acordos pontuais com China, Rússia, Irã, além do turismo europeu e da diáspora cubana.

Além disso, existe ainda no mundo uma certa romantização da Revolução Cubana, sobretudo em setores da esquerda internacional, que continuam dando algum tipo de respaldo simbólico.


4. Bloqueio econômico dos EUA como inimigo externo permanente

O embargo norte-americano, em vez de derrubar o regime, acabou servindo como instrumento ideológico de coesão interna. A narrativa de “resistência heroica contra o império” alimenta a permanência no poder, justificando a pobreza como um resultado da agressão externa — e não da ineficiência do próprio sistema.


5. Repressão sofisticada e medo social

Cuba desenvolveu um dos sistemas de segurança interna mais eficientes do mundo.

  • Há vigilância constante em bairros, escolas, empresas.

  • Muitos cubanos vivem com medo de falar o que pensam.

  • A repressão é seletiva, mas exemplar: líderes opositores são perseguidos, presos, exilados, silenciados.

Isso criou uma cultura de autocensura e resignação. O medo é um cimento invisível, mas poderoso.


6. Emigração como válvula de escape

Quando há crise, a saída mais comum é emigrar, não resistir.
Os fluxos migratórios para Miami, México, Espanha, Venezuela e outros países tiram da ilha a pressão explosiva que poderia gerar rupturas internas.
Milhões de cubanos vivem no exterior — e muitos sustentam parentes que ficam, reduzindo a revolta social.


7. Desencanto e cansaço com a política

Depois de tantas décadas sem mudança real, muitos cubanos não acreditam que seja possível mudar. Isso gera um tipo de apatia cívica que favorece a manutenção do sistema.
Muitos jovens hoje nem sequer se sentem revolucionários nem contra-revolucionários — apenas desesperançosos ou indiferentes.


8. Transição controlada dentro do próprio sistema

A passagem do poder de Fidel para Raúl, e depois para Miguel Díaz-Canel, foi feita de forma lenta, calculada e dentro das estruturas partidárias, sem rupturas.
Não houve abertura, mas continuidade mascarada de renovação.


Em resumo:

O castrismo sobrevive porque combina mito revolucionário, aparato repressivo, ausência de alternativa política, medo, exílio dos insatisfeitos e aproveitamento do bloqueio como escudo ideológico.

É como um sistema fechado e autorrenovável, que sabe se manter por falta de oxigênio externo e alternância interna.

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